Los viajeros del Bicho Canasto – Un viaje de vida

Los viajeros del Bicho Canasto – Un viaje de vida

Fede, Maca, Reta y Pantera. Una pareja, un perro y un gato. En conjunto: una familia a bordo del Bicho Canasto, un colectivo exmilitar Mercedes Benz 1112 del año 1972, comprado en un remate, y que se ha convertido en su hogar. Como un bicho canasto, el insecto, ellos armaron su casita y la llevan a cuesta, y así bautizaron a su refugio rodante. Llevó una completa remodelación, interior y exterior, para que el Bicho Canasto partiera desde Cinco Saltos hacia Alaska, su último destino luego de múltiples paradas por todo el continente americano.

Bicho Canasto
Bicho Canasto, el insecto.

A orillas del Lago Titicaca descubrí al Bicho Canasto. Caminando sin rumbo, me crucé con este imponente colectivo negro, con un ploteo de un mapamundi en su vidrio trasero. Al costado, una estampa: Cinco Saltos, Río Negro. No lo dudé, eran viajeros. Maravillado, lo inspeccioné y le tomé varias fotos. En su frente, una leyenda los introducía: Bicho Canasto. El misterio fue interrumpido por una voz en su interior:

– Hola pa.

– Hola? -, dije yo.

Me invitó a pasar. Se presentó como Fede y adentro apareció Maca. En su interior, el Bicho Canasto respiraba vida: era un hogar que ellos mismos habían armado y decorado. Compartimos unos mates y comenzó el relato.motorhome casa rodante bicho canasto mercedes benz

Llevaban 2 años en la carretera. La idea surgió como un sueño, en un fugaz viaje a Monte Hermoso en 2012. La meta: salir en 2014, llegar al mundial de Brasil y no volver por un largo tiempo. Comenzó la preparación del colectivo; le sacaron los asientos, comenzaron a amueblarlo, cambiaron el motor; pero el tiempo se dilataba y el sueño parecía alejarse, ya había llegado el año 2015. Ese momento fue detonante, decidieron no perder más tiempo y comenzar el viaje sin dejar todo pulido. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, diría Serrat.

Durante el viaje fueron armando y construyendo su hogar en el Bicho Canasto. En el camino, diferentes familias los ayudaron con madera que convirtieron en muebles, e incluso una heladera. El Bicho Canasto fue adquiriendo forma y comodidades, y hasta incorporó dos almas. Cuando comenzaron, eran solamente ellos dos; luego adoptaron a Reta, en la localidad costera homónima, y por último de sumó Pantera en Termas de Río Hondo.

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Los mates fueron dejando su lugar a unas cervezas con pan y queso. Entre risas, las palabras seguían creando historias que me envolvían. Cada relato tenía su sustento en algún objeto que consiguieron al andar y ahora forma parte del interior del colectivo. El Bicho Canasto fue adquiriendo la esencia de esta familia de 4 mientras el patio trasero de la casa iba cambiando: con rumbo al norte fueron recorriendo Argentina hasta llegar a la húmeda y cálida Misiones, luego hacia el oeste, el Mercedes Benz tuvo que enfrentarse con las curvas y subidas de las rutas de montaña de Jujuy. Lograron cruzar a Bolivia, su primera frontera, y al poco tiempo sufrieron un percance: se les rompió el motor. Vivieron unos meses sedentarios en Sucre, acostumbrándose a la vida en ese país, pero eso no los desmotivó a seguir por más. Lucharon por conseguir el arreglo y lo obtuvieron, resurgieron y siguieron recorriendo tierras bolivianas, hasta que se cruzaron conmigo en la ciudad fronteriza con Perú.

Todos los días les espera una aventura, que nace de la espontaneidad. “Estamos convencidos de que viajando de esta forma suceden cosas mágicas”, afirma Maca. Así fue nuestro encuentro: Fede me confesó que estaba mandándole un audio a su viejo, cuando inesperadamente, fui yo el que respondí del otro lado de la ventana. “Lo nuestro ya es una forma de vida, vivimos viajando”, explica Fede. Son felices con esta experiencia. Para sustentarse venden budines y artesanías.

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Luego de nuestro encuentro han podido aventurarse por todo Perú, Ecuador y Colombia, donde se encuentran actualmente. Ya llevan 3 años de viaje y ahora necesitan una ayuda. Para cruzar la próxima frontera, Panamá, el Bicho Canasto no puede cruzar por tierra. El costo total del traslado de estos viajeros serían U$D 3600. Al final, adjuntamos los datos para una transferencia bancaria para toda persona o empresa que desee colaborar para que ellos sigan pudiendo vivir su sueño, y nosotros enterarnos y sorprendernos con sus aventuras. Ellos, además, podrían llevar sus marcas para exponerlas a lo largo del camino.

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Para ver una historia similar, accedé al siguiente post: Tocar el cielo con las manos: la odisea de la primera cumbre

Mirá otro post de Retorno Nómade.



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