La Costa Argentina, un lugar para todos y para nadie

La Costa Argentina, un lugar para todos y para nadie

Siempre me pareció que la costa argentina no es más que una continuación del Río de la Plata, una transición quizás, hacia el Océano Atlántico. Es, sin dudas, un lugar bastante curioso. Con sus aguas turbias y frías, arena para nada blanca, su clima templado, y por momentos hostil, parecería que las únicas dos razones por la cual este lugar concentra buena parte del flujo turístico interno en Argentina son: está cerca de la Ciudad de Buenos Aires y la gente ama la playa.

Es innegable. La gente ama la playa. La gente ama tomar sol, sentir la brisa húmeda y salada, el vaivén del agua, ya sea en los pies o en todo el cuerpo. La playa es naturaleza adoptada por el hombre y tomada como lugar de recreación y descanso. La playa tiene lugar para todos, incluso para sus detractores. Uno puede jactarse de odiar el Sol intenso, las multitudes y el pegote del protector solar; pero ¿quién no ha sentido caer sus cadenas, aquellas que te atan al suelo, y se ha dejado llevar por la libertad de una ola?

Todos los argentinos lo sabemos: nuestras playas no son las mejores. Siempre mirando al norte, los argentinos solemos menospreciar lo propio y lo nacional, y alabar lo extranjero: “Esto es una mierda, en USA se hace mejor”. Pero con nuestras playas no es así, allí sí apreciamos la Cruz del Sur. Muchas razones tendríamos para desdeñarlas durante una tardecita ventosa de 15ºC en Miramar, en pleno verano. En cambio, con orgullo, nos ponemos un buzo con la insignia “Miramar – Patagonia Argentina”. ¿Y acaso cual es el límite de la Patagonia?¿Cuántas playas turísticas son más australes que las nuestras?

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Nuestra costa también guarda secretos y curiosidades bastante peculiares. Tenemos playas con aguas más cálidas que son más sureñas que los destinos más habituales. Lejos de Mar del Plata, acercándose a Bahía Blanca, balnearios como Pehuen-Co y Monte Hermoso reciben la influencia de una corriente marina de Brasil. La utópica consecuencia es una experiencia que imita la calidez de las aguas cariocas, a 280 km de Río Negro. Otra curiosidad menos turística, en la parte de la costa donde todavía hay vestigios de agua amarronada del Río de la Plata: en la localidad de Las Toninas salen todos los cables que dan internet al país. La razón es que recién en esa parte del lecho marino, el suelo puede brindar un área amena para su instalación.

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Más allá del bien y del mal, son nuestras playas y siempre nos van a brindar el descanso o la fiesta que se busca para el verano. ¿De donde habrá surgido el cariño patriótico por nuestra costa? Podría ser el histórico sueño burgués de tomar unas vacaciones con gustos lujosos y casinos en La Bristol, en Mar del Plata. Quizás será la posterior popularización de La Feliz, alrededor de 1950, el deseo de fin de año del porteño promedio. ¿Tendrá algo que ver la consecuente migración de los sectores más adinerados a ciudades balnearias como Miramar, Pinamar, Villa Gesell? La única certeza: la gente ama la playa.

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Fotos tomadas por Pablo Lazo en Santa Clara del Mar, enero 2017.

Redacción: Luciano Carugo.

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