Epuyén: La casa flotante y viajar al azar

Epuyén: La casa flotante y viajar al azar

Era una maravilla, un oasis flotante en un diverso ecosistema que aparentaba ser desierto en la superficie. Parecían las ruinas de un enigma. Muchas de sus maderas, podridas, daban la impresión de que el lugar había resistido a duras penas hasta que llegáramos a verlo. Una serendipia misteriosa nos invitaba a aventurarnos.

Es fácil entusiasmarse con la posibilidad de que haya una fuerza misteriosa que tienda a favorecernos, sin importar que hagamos, la decisión correcta llegaría a nosotros. Así nos sentíamos en nuestra primer mochileada; ante cualquier contratiempo, recibíamos una linda sorpresa como recompensa. De esa forma llegamos a la ciudad de Epuyén, en Chubut, gracias a los misteriosos hilos del azar.

Es caprichoso el azar – diría Serrat – y cuando llegamos a la pequeña comunidad creímos haber cometido un grave error que nos condujo a un desolado lugar. Nuestra intención era llegar a Puerto Patriada, que tiene costa con el lago Epuyén, en busca de una acampada costera de un paraíso patagónico, y el micro nos había dejado al costado de la ruta, en las cercanías de un pueblo, a primeras, nada vistoso, de nombre Epuyén.

Resignados, determinamos que lo correcto para arreglar nuestro error sería pasar una noche allí, en un camping barato, para luego retomar nuestro camino. Así fue como llegamos al camping de los franceses, el más barato de los 3 que había, un manchón de tierra carente de pasto y cuyo colectivismo rebosaba tanto que uno creería que dormiríamos todos bajo una misma carpa comunitaria.  Definitivamente era un panorama diferente al esperado, e incluso nos enteramos de que para acercarnos al lago habría que caminar un par de kilómetros.

Antes de partir, otros viajeros más optimistas nos contaron que desde el camping se podía salir al lago, alquilar unas canoas y dirigirse hacia una playita. Decidimos darle una oportunidad, y uno de los hippies franceses, que aparentaba una elevación espiritual importante, nos guió hacia unas rústicas embarcaciones.

 

Lago Epuyén Canoas

Fue bastante difícil alejarnos de nuestro punto de partida, puesto que había que remar a través de juncos. El lago parecía una especie de canales entre islas de juncos, que con determinación podían cruzarse, aunque los más densos podían frenarte si no habías tomado suficiente impulso.

 Al cruzar esa etapa, el resto del lago parecía mar abierto, aun en un lago pequeño como lo es Epuyén, y en la costa que enfrentaba a la playita se veía una especie de construcción piramidal. Por curiosidad, allí nos dirigimos, y nos encontramos con una casa flotante anclada a la costa, hecha artesanalmente con madera de la zona y unos barriles vacíos que permitían la flotación. La casa no tenía puerta en ese momento (no sabemos si alguna vez la tuvo) y estaba a medio derrumbar. Pudimos investigar sus dos pisos: había cueros de animales y lana, unos cuadros que retrataban tétricamente algunos animales de ganado en la zona, cuchillos Tramontina, y más barriles, solo que estos estaban llenos con algo.

Pasamos un rato recorriéndola cuando descubrimos que, desde el segundo piso, uno de los huecos de la casa ofrecía un espectacular salto de clavado al lago. Nos turnábamos para saltar y nadar nuevamente a la casa, cuando apareció un hombre flaco, bronceado y barbudo. No decía nada, pero permanecía parado en la casa mirando el fondo del lago. Le preguntamos qué hacía allí. Primero dijo que estaba buscando un celular que se le había caído a la noche, y luego mencionó que la casa era suya. También lo eran las extrañas creaciones artísticas. No estaba molesto por nuestra presencia y solo parecía concentrarse en su búsqueda. Se resbaló y cayó al lago, pero rescató un celular que parecía de otro milenio. Aclaró que lo buscaba para evitar que contaminase – el celular poco le importaba- y estaba muy molesto porque no pudo encontrar la batería que se había soltado. Habiendo cumplido su objetivo, volvió a la costa y desapareció. Eso fue lo único que supimos de él, y su inesperada llegada nos dejó atónitos para preguntar más. La casa flotante ofreció más conjeturas que respuestas, pero fue sin dudas una historia única.

La fotografía de la portada es a modo de ilustración, no habíamos llevado elementos para poder obtener evidencia fotográfica de la casa. Estas circunstancias potencian el enigma.

 

Para ver una historia similar, accedé al siguiente post: Tocar el cielo con las manos: la Odisea de la primera cumbre

 

Mirá otro post de Retorno Nómade.



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