Into the Wild: viajar hacia dentro y hacia afuera

Into the Wild: viajar hacia dentro y hacia afuera

“Camina dos años por la tierra. Sin teléfono, sin piscina, sin mascotas, sin cigarrillos. Libertad absoluta. Un extremista. Un viajero de lo estético cuyo hogar es el camino. Y ahora después de dos años de caminata, llega la aventura final y más importante. La batalla culminante para matar al falso ser interno y concluir victorioso la revolución espiritual. Sin estar ya más envenenado por la civilización él huye, y camina solo por la tierra para perderse en la naturaleza.” Alexander Supertramp, Mayo de 1992.

 

Lo que hace interesante a esta película de no-ficción es su ambigüedad, que mientras se nos presenta como una historia basada en hechos reales, nos deleita con un viaje fantástico, lleno de osadas aventuras y experiencias, como si hubiese salido un gran libro de ficción. Además, la estructura de la película intercala escenas en Alaska, etapa del viaje en el que se encuentra completamente solo y viviendo en un colectivo abandonado, y otras que muestran su trayecto hacia ahí, en ciudades y pueblos de Estados Unidos donde siempre lo vemos relacionarse con gente. Into The Wild, Aventura en Alaska o Hacia Rutas Salvajes, es una historia real, que se nos cuenta la insaciable búsqueda de Chris de su propio destino, un largo camino de conexión espiritual con la naturaleza y quienes lo cruzaron en su viaje.

La dualidad es una marca fija en esta historia, que casi se ve como una polarización. Christopher McCandless y Alexander Supertramp, dos personas diferentes que coexisten en el mismo cuerpo, cuyo vínculo, en la trama de la película, es únicamente conocido por él. El primero, Chris, un típico adolescente de clase media, lleva una vida ordinaria, sin sobresaltos, hasta que culmina su etapa universitaria. Mientras hace creer a su familia que continuará sus estudios en Harvard, él arma otros planes, y por necesidad, hace nacer a Alex, su lobo estepario, el curioso aventurero, nihilista, desapegado de la sociedad. Haciéndose conocer por el nombre de su autobautismo, Alex parte en su viaje hacia Alaska, sin despedirse ni avisarle a nadie, en busca de la educación más primitiva (no por eso peor), la del mundo y la naturaleza, queriendo “conocer cada cosa por su nombre”.

Durante su viaje, se muestran otras dos facetas opuestas de Alex. Éstas se pueden notar en el ensayo del Último Lector de Ricardo Piglia, en el que analiza al Che Guevara, y plantea que la contrariedad en un viaje se destaca en el continuo y constante movimiento que requiere la vida de viajero (en el caso del Che era la guerrilla), pero, aun así, se puede tomar tiempo para su otra pasión, la literatura. Más allá de su movimiento incesante para conocer al mundo, en contraposición vemos a la vida de un lector y escritor, habitualmente sedentaria e inmóvil. Alex arrastra de su vida anterior, cuando solamente era Chris, esta pasión y conocimientos, y en reiteradas escenas lo observamos leyendo, escribiendo y citando a grandes autores y pensadores.

Into The Wild leer

Una de las grandes figuras de la literatura que Alex admira es Henry David Thoreau, a quien menciona y cita reiteradas veces, al igual que a Jack London. Alex (y podemos dar por entendido que Chris también) tiene como modelo de vida a la de Thoreau. Este escritor norteamericano, tomo dos años de su vida para vivir en los bosques y aprender lo que la vida tenía para ofrecer, escribiendo en su libro Walden, donde hizo eterna su experiencia: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida, para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido”. Alex parece adoptar esta idea como bandera en la búsqueda de la autenticidad, siguiendo la idea de su ídolo, que la única obligación que se tiene es aquello que creemos propio.

Otra faceta que remarca la película sobre la filosofía de Thoreau es el contacto con la naturaleza. Thoreau vivía en contacto con ella, y al contemplarla aprendía. Dice que no has probado nunca una grosella si no la has tomado con tus propias manos de la naturaleza. Destaca esta conviviencia con lo natural como una comunión sublime. En la película, Alex lo reafirma al comer una manzana que él recolectó. “Usted es muy buena. Quiero decir, usted es como, cien mil veces mejor que como cualquier manzana que he tenido. Yo no soy Superman, soy Supertramp y eres super manzana. Eres tan sabrosa, tan orgánica, tan natural. Tú eres la niña de mis ojos, ¡ja!”, le dedicó.

Thoreau también creía que se debía apartar suficientemente de la sociedad hasta ser realmente autónomo. Esto se ve muy marcado en el personaje de Chris, que múltiples veces trata a la sociedad de hipócritas, por el odio que existe hacia el prójimo, los contantes malos juicios y la corrupción. Esto parece ser un reflejo de la relación que tiene con sus padres, a los cuales odia, y remarca que toda su vida está basada en mentiras. Por esta razón, Alex también es un ávido amante y buscador de la verdad. Cuando una pareja que conoce durante el viaje le reclama que contacte a sus padres, él les contesta, citando a su amado escritor, “antes que amor, dinero, fama, justicia; dame verdad”.

El camino de Alex hacia Alaska es también un camino hacia la autenticidad. Dice que busca “matar al falso ser interno”. Mientras viaja, cada vez renuncia a más posesiones materiales (lo vemos abandonar su auto, quemar su dinero), y se nutre de experiencias, aprende a través gente que se acerca a él, aunque siempre muestra un gran desapego a las relaciones humanas; las despedidas siempre le son inminentes y nunca se presentan con obstáculos, puesto que él cree que su vínculo con el mundo y la naturaleza es mucho más fuerte.  La búsqueda por ser autentico le brindó una gran experiencia de vida, pero a su vez una gran desazón, en la soledad de Alaska. Esto lo invita a reflexionar nuevamente, y en la escena final de la película, es ahora Chris (ya no se considera Alex) quien se dirige hacia nosotros con un hermoso mensaje: “La felicidad solo existe si es compartida”.

Para ver una historia similar, accedé al siguiente post: Los viajeros del Bicho Canasto – Un viaje de vida

Mirá otro post de Retorno Nómade.



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