Nuestras Pasiones | Cuento

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Una colaboración de Carlos Rubione, quien vio en Ordonies un personaje que podría comentar sobre nuestra nota de Calle Corrientes.

Ordonies se sienta en una mesa contra el gran ventanal del gran bar que antes se llamó el molino o las orquídeas o los querubines, todo de roble y bronce viejo y estilo y ahora es planet earth o algo así, todo vidrio y metal bronceado e impersonal y se pregunta por qué. Se va a contestar pero antes va a brindar y se pregunta con qué. Pide lo que antes fue un vermú y le ponen un mantel de papel con publicidades entre las que sobresale una hermosa foto de antaño, mesa con picada incluida, que llevan a Ordonies, observador de la realidad, a preguntarse para qué. Comienza a imaginárselo cuando ve pasar el tiempo en una gota de agua de lluvia por el cristal empañado del añoso restó, y se pregunta cuándo. Escucha este domingo, y agrega de otoño lluvioso. Domingo lluvioso de otoño, y se queda preguntándose cuál. De algún lado dicen fútbol, y completa: domingo de otoño de fútbol, lluvioso, sin fútbol.

Se le pierde la mirada a Ordonies en el ventanal, casi de ñata contra el vidrio, pero de adentro para poder contar las gotas, mientras siente el frío de las gradas vacías de los estadios, de domingo sin fútbol. Y se estremece. Contemporáneamente, puede ver al único hincha, un mocoso de unos trece años con la camiseta del ciclón, que aguanta la llovizna gris esperando que salgan sus ídolos, los de ellos, buscando el ángulo, entre el cortinado y el reflejo, que le permita llegar con su vista a la pantalla. Aunque Ordonies ya no las cuenta, a las gotas, porque se distrae revolviendo el vermú ante la mirada condescendiente del mozo, que ha visto tantas, que le dice, tenga cuidado jefe, puede manchar el mantel.

Recién entonces Ordonies descubre la música tribal, monocorde, que se difunde por el ambiente. Alguien sube el volumen y Ordonies  advierte que él también mueve la cabeza de arriba abajo como autómata. El mozo apunta al televisor muchas pulgadas grandes definiciones como diciendo, jefe qué va a mirar del otro lado, ¿a ese pibe? ¿Qué pibe?, piensa Ordonies a los gritos, sin querer perderse el tablero de la tele muda, cartel prestado: valencia 0 barcelona 1. Alguien prende las luces que iluminan los ventanales dicroicamente hasta anular las gotas y transformar el cristal en un paredón blanco ascético, recortado por metales tornasolados, que Kuitca podrá haber imaginado, si no fuera por lo kitsh.

Entonces, sorprendentemente, la concurrencia se para y aplaude, y con ellos Ordonies: con su vaso de margarita súper cooler en la mano, entonado por la plena luz que se disfruta, de pie sobre la silla,  propone a voz de cuello hacer la ola. Ordonies es seguido por la multitud enfervorizada, parada en sus asientos, sin quitar la vista de la tele, que acompaña la continuidad del movimiento con el ulular clásico de cualquier estadio.



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