Reserva Ecológica Costanera Sur: La civilización y lo salvaje

Reserva Ecológica Costanera Sur: La civilización y lo salvaje

Los rascacielos, las oficinas, el lujo, los restaurantes de moda, el adoquinado antiguo, el asfalto, las estatuas y monumentos, los camiones, el puerto, los autos, sus conductores y los trabajadores, aquellos que van de traje y los que no: todo lo que representa el orden en Puerto Madero, que de repente choca con una larga y rectangular laguna que delimita una de las pocas reservas urbanas a nivel mundial. Pero ésta no es la habitual historia de hombre versus naturaleza. Ésta es una historia de una relación simbiótica, de la creación del hombre, al servicio del hombre, y donde la naturaleza tomó las riendas. Un lugar que da alivio a la rutina de la ciudad, que provee un hermoso paseo, además de beneficios ecológicos. Es la historia de la Reserva Ecológica Costanera Sur.

La reserva de Puerto Madero tiene origen en lo artificial: ante la extinción del uso costero del Río de la Plata como balneario por la contaminación, nació en la década de 1960 como un proyecto de urbanización, ganándole terreno al río y rellenando con escombros que provenían de la obra pública por la construcción de autopistas. Era un proyecto tan ambicioso que fracasó. El relleno y el drenado quedaron a medias, por lo que hoy la reserva encierra 4 lagunas en su interior. La naturaleza fue apoderándose del lugar y en 1986 fue declarada reserva ecológica. El personal que allí trabaja (que incluye a un grupo de biólogos especializados), intervienen poco, dejando que la fauna y flora copen el terreno, dando lugar a que coexistan las tres ecorregiones originales: islas y delta del Paraná, espinal y pastizal pampeano. El propio gerente de la reserva, Germán Ausina, lo reconoce: “es un lugar único, es maravilloso poder contar con un lugar así en el corazón de una ciudad tan grande como Buenos Aires”.

Reserva Ecológica Costanera Sur Puerto Madero

La Reserva Ecológica Costanera Sur es realmente patrimonio de la ciudad; depende del Ministerio de Ambiente y Espacio Público del Gobierno de la Ciudad. Con 360 hectáreas, equivalente a 360 plazas urbanas, cumple una función crucial como regulador ambiental y de temperatura de la ciudad porteña. Junto a otros grandes parques, provee una amortiguación a la emisión de dióxido de carbono y contaminación de la selva de concreto y asfalto. Ofreciendo una diferencia de temperatura de entre 5 y 7 grados en verano, además de regular, es un refugio turístico con senderos que se pueden recorrer a pie o en bicicleta. Sumado a los beneficios ecológicos que nos brinda, la reserva permite un paseo en la naturaleza que hace olvidar que a pocos metros existe Buenos Aires, una de las ciudades más grandes del mundo. Es un lugar para contemplar la naturaleza en su máximo esplendor. Con más de 340 especies de aves, contiene un tercio de su población total en Argentina, y representa la mayor biodiversidad de la región. Fue declarado un sitio AICA (Áreas importantes para la conservación de las aves).

Reserva Ecológica Costanera Sur bicicleta

En la reserva se trabaja sobre 3 pilares fundamentales: educación, conservación y prevención. Con el objetivo de conservar el lugar, para nuestro disfrute y el de futuras generaciones, se lleva a cabo un constante registro y monitoreo de las especies para mantener las condiciones lo más óptimas posibles. Esto no quiere decir que haya demasiada intervención; se intenta minimizar el accionar y la presencia del hombre, para que la flora y la fauna se asiente y se desarrolle. Para favorecer esto, sí se trabaja en el mantenimiento del agua de las lagunas internas, mediante controles periódicos de calidad del agua y limpieza con embarcaciones.

Reserva Ecológica Costanera Sur senderos

 

Los grandes peligros históricos para la reserva, y siempre inminentes, fueron los incendios. Algunos de origen natural, otros accidentales, pero también otros con un trasfondo malicioso o de travesura. Los incidentes de este tipo atentan contra la existencia del ecosistema, y la supervivencia de las especies cuyo hogar sería destruido. Los trabajadores de la reserva lo tienen bien claro, por eso se trabaja fuertemente en la prevención, mediante un monitoreo y vigilancia con cámaras ópticas y térmicas que alertan cuando hay una anomalía. Este material de última tecnología, sumado a vehículos de prevención, han evitado que haya un incendio de grandes escalas en los últimos 4 años, potencialmente salvando nuestro patrimonio natural.

 

Con 32 años de vida, la reserva llegó para quedarse, ahora recibe la ayuda del hombre, y está en buenas manos. “Hacemos acciones concretas todos los días para garantizar un futuro”, expresa Germán Ausina.

Reserva Ecológica Costanera Sur lagunas

 

 

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