“Todo el tiempo nuevo”: viajar y escribir

“Todo el tiempo nuevo”: viajar y escribir

El viaje y la escritura a veces tienden a juntarse para crear cosas maravillosas. Escribir un diario de viajes no es solo narrar cronológicamente un recorrido, implica el trabajo constructivo del viajero, los sentimientos, las percepciones. Cuando un diario de viajes es leído, el viaje del autor se materializa ante los ojos del lector. ¿Quién no ha viajado al leer una crónica viajera?

Todo el tiempo nuevo es un diario de viaje que me cautivó desde la primera impresión. Llegó a mí de una manera insólita: lo conseguí a través de un alma generosa que decidió regalar varios libros sobre viajes a través de Facebook. Sentí atracción por la tapa y por el título, lo elegí sin saber que lo disfrutaría tanto. Algunos lo llamarán destino. Cada detalle que compone esta bella edición deja en evidencia que es una creación hecha con amor: el sobre que lo recubre, el señalador/postal y las poesías que pueden funcionar como prólogo y epílogo a la vez, son piezas únicas.

Lucía Vargas es licenciada en Letras y viajera. Se crio Caleta Olivia, Santa Cruz (tierra patagónica) y vivió en Buenos Aires durante su adolescencia hasta que decidió abandonar la ciudad en busca de nuevos caminos en noviembre de 2015. Cuando llegó a Colombia publicó su diario de viajes y poemario bajo el título de Todo el tiempo nuevo. Actualmente reside allí y brindó una entrevista exclusiva a Retorno Nómade.

 

¿Cómo se relaciona el viaje con la escritura?

Las dos cosas van de la mano por motivación. Por ejemplo, un amigo escritor colombiano, Luis Felipe Núñez Mestre, se la pasa trabajando en su casa todo el tiempo y cuando entra en ese ritmo creativo, es muy raro que podamos vernos. Él tiene un proceso de creación que implica encerrarse a leer y a escribir, aislarse del mundo. Hace poco nos juntamos a tomar unas cervezas y me dijo: “¿Vos te diste cuenta de que yo soy un escritor de adentro y vos una escritora de afuera?”. Y tiene razón. Es realmente importante para mí recibir el estímulo de afuera. Necesito de ese mundo exterior para crear el interior. El viaje se relaciona con la escritura en la medida que resulta un motor: es una necesidad recorrer y ver con ojos nuevos. Por eso el diario se llama Todo el tiempo nuevo. El título se refiere a mirar todo con esa visión de lo nuevo, buscando el estímulo, la invitación a decir algo sobre lo que vivís, lo que ves, lo que sentís. La relación del viaje con la escritura está dada desde la experiencia, todo lo que te conmueve termina de alguna forma decantando en la escritura.

Cuando saliste, ¿habías pensado en escribir el diario o fue surgiendo en el camino?

En realidad, cuando salí no tenía pensado nada. Comencé a escribir como una forma de canalizar todo lo que me estaba pasando. Cuando me fui renuncie a muchas cosas: tenía un laburo, una pareja de 4 años con la que alguna vez planeamos tener una casa, un perrito. Tenía todo el esquema de la adultez diagramado, pero me senté con él en un café y le dije que no quería seguir más con la relación, que había renunciado al trabajo, había vendido todas mis cosas, porque quería irme de viaje por Latinoamérica. Fue tan radical el cambio y tan necesario al mismo tiempo, que escribirlo, hablarlo conmigo, fue también empezar a entenderlo, porque mi mente funcionaba acorde a mi vida anterior. Ponerlo en palabras fue empezar a entender que realmente me había ido. Y tenía que pensar en lo concreto. Fue un acto de salvarme y caer en el presente. La escritura me ancló en un presente que realmente estaba necesitando.

¿Y cuándo lo empezaste a escribir, lo hacías por vos o pensaste que en algún momento podía llegar a publicarse?

La verdad era más para mí. Usé el diario como un ejercicio literario, por eso intenté cuidar la construcción de las imágenes y la elección de las palabras. Durante el viaje nunca pensé en publicarlo, hasta que llegué a Colombia. En realidad, fue un acto de conmemoración, fue decir: esto se acabó, o por lo menos por un tiempo. De hecho, hice una pausa de 6 meses hasta que volví a viajar. Quería que fuera un objeto concreto, un testimonio de la experiencia, y que a su vez aportara a otros… porque en realidad, aunque uno escribe para uno, se publica para otros. Publicar es el acto de compartir para generar lazos y contactos. Me emocionó y aún me emociona el impacto que tiene el libro, la gente que se acercó, que me escribió y me contó lo que le pasó en su experiencia de lectura… nada de eso hubiera pasado si yo hubiese guardado mi cuadernito en un cajón como un recuerdo lindo para mí y nadie más.

¿Qué dificultades entraña la publicación de un diario? Sobre todo, por la influencia que puede tener.

Como yo sabía que era algo tan íntimo, no quería que fuera cualquier publicación. Quería que fuera un objeto-libro, no solo un libro… que tuviera la belleza de un diario íntimo y personal. Por eso busqué editoriales en Colombia que tuvieran ese perfil en cuanto al cuidado del diseño editorial. Les escribí y les conté sobre mi viaje, hasta mandé fragmentos. Cuando me empezaron a contactar, tuve un par de entrevistas por Skype (en ese momento yo estaba en Ibagué, no en Bogotá). Me parece muy importante saber con quién y cómo vas a trabajar, por eso decidí publicar con Tyrannus Melancholicus Taller. Ellos trabajan todas sus publicaciones con el mismo amor y cuidado, les dan el valor de libro-objeto, los convierten en tesoros para una biblioteca.

La segunda dificultad fue el tema de la distribución y el alcance a nuevo público. Cuando publicás con una editorial independiente toca remarla mucho, llevar el libro, venderlo en ferias, en talleres, compartirlo con los amigos, hasta que toma vuelo. Dentro de poco, el 15 de noviembre, celebrando los 3 años en ruta, presentamos la tercera edición. Ya son 300 ejemplares y eso para mí es un montón. Los primeros 100 costaron un poquito, fueron directamente a la familia y a los amigos, pero después la cosa empezó a fluir y a expandirse.

La última complicación es el tema de las comisiones por venta en librerías, los costos de envío, distribución, etc. Cuesta mucho porque, al ser una editorial independiente, todos los costos se vuelven altos y la ganancia que se pueda sacar del libro termina siendo mínima para cubrir todo el esfuerzo y el trabajo de los editores y del autor. Todo el mercado editorial tiene muchos problemas, pero creo que todo es cuestión de voluntad y amor por lo que uno hace.

¿Tenés algún referente como escritora? ¿Y cómo viajera?

El libro de viajes de Juan, el “Acróbata del Camino” y el blog de los viajes de Nena me motivaron muchísimo a tomar la decisión de irme. Llegué a ellos gracias a mi hermana Cecilia, que es súper bloguera y le encanta leer ese tipo de cosas. Ella es licenciada en Turismo, pero lo suyo es viajar a través de otras experiencias. De hecho, intentamos viajar juntas, pero no funcionó. Ella es feliz y prefiere viajar trabajando con turistas en hoteles, agencias de viajes o simplemente leyendo. Viaja de otra forma distinta pero igual de válida.

¿Vos cómo te definís como viajera?

Me gusta viajar en libros, pero disfruto mucho ser viajera empírica, de la que agarra la mochila y sale a recorrer. Sin embargo, es hermoso que exista la posibilidad de viajar a través de las lecturas. Por ejemplo, me han llegado muchos comentarios diciéndome: “Me hiciste conocer Bolivia, Perú, Colombia, con tus ojos”. Ser los ojos de otro en un lugar nuevo es un gran privilegio, me alegra ser parte de la experiencia viajera del lector.

Viajando, ¿sentiste que la presencia de otras voces te fue cambiando?

Tal vez los acercamientos que hago en el libro sobre aquellas personas que me crucé viajando responde un poco a esta pregunta. Mi voz fue cambiando por escuchar a los locales. Lo bueno de tener ganas de escuchar es que el otro percibe tus intenciones y se abre para contar. Me llegaron todo tipo de historias… por ejemplo, la de La Paz, en donde me entero de los rumores que existen sobre el entierro de gente viva en los cimientos de los edificios.

Justo en el libro hablás de que hay que intentar respetarlo, por más que choque tanto, ¿no?

Sí. A veces, las visiones de los otros son totalmente incompatibles con las nuestras. Ahí está la pluralidad que tenemos como latinoamericanos: cada uno tiene su visión de las cosas y, a su vez, cada país tiene sus creencias. Es importante respetarlo. Recorriendo y escuchando, compartiendo y mirando siempre con ojos nuevos, tendremos la posibilidad de empatizar con el otro. El respeto por la diversidad se da desde la comprensión y la tolerancia.

Para ver una historia similar, accedé al siguiente post: Los viajeros del Bicho Canasto – Un viaje de vida

Mirá otro post de Retorno Nómade.



Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *